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Ying Yang

Cartas de ningún sitio


 (...)


- Ah, sí. El blog. 

Le digo mientras mis pestañas toman buena nota del rimel, a la vez que pestañeo y mis tobillos me recuerdan el peso de los tacones y de su filo. 

En un acto sublime de interpretación, recojo la copa de vino con mis manos, con las dos manos cruzando mis dedos, alardeando de uñas.

Y Fija la mirada en mis ojos, sonriendo. 
Sus ojos del todo indefinibles, no me gustan demasiado, pero tiene unos labios tan cálidos, tan supuestamente cálidos que me dejo embriagar por su voz, sin hacer en absoluto caso a lo que dice.
No me interesa, por lo menos de momento. Sólo busco sexo con un poco de elegancia y que mejor que aceptar la invitación de una buena cena para conseguirlo.
(To be continued)


Esta divagación de mi cabeza . Surge del paseo largo que me he dado, mientras pensaba en dinamizar el curriculum y mandarlo a dónde yo quiero que de verdad vaya.
El caso es que huele a primavera, y a mí me gusta.
Y quizá por eso, al verme las deportivas calzadas en los pies, decido ponerme las camperas chúpame la punta y pasar de las cómodas zapatillas, por improcedentes con mi estado de ánimo.
Camino y camino, al tran, tran. Pensando despacio y sintiendo más despacio aún.
Dando gracias en porque sí muy pragmático, respirando el azul blanquecizo celeste y sonriendo por dentro por las pintas que llevo.
Y no es que mis gafas negras , modelo, soy chula y qué. Sean la gracia del asunto, no. Es porque las camperas van por fuera, con mis cachas embutidas en unas mallas de buen vestir, por supuesto, pero mayas al fin de al cabo y mi torso en una sudadera roja de Mickey Mouse. Unas pintas que no tienen desperdicio ninguno y que jamás sería capaz de ponerme si la compañía, fuera, la que fuera,  hubiera o hubiese de acompañarme. (Valga la redundancia artística).
Pero voy sola. A mi bola  y con cierto afán de me la pela (la mente) todo. Esteticamente hablando, se entiende. Y mirando aquí y allí, con un mantra en la cabeza que no pienso soltar no vaya a ser que tropiece.
Y en no sé qué momento, del espacio-tiempo me encuentro en la tienda de los chinos, con la voz china de la mujer china hablando chino de fondo, mientras el marido, feo de verdad, asiente con su "i eo e"  al acto de dejar los cuarenta centimillos que cuesta la barra de pan, y pensando que cualquier día le replico. "Sí, eso es".












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UFS: Unión de Folladores Salvajes.
Ufs: Unilateral fusión de sensaciones.

Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

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