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Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

Silencio conjugado.

Era sencillo y fácil sentarse en una silla y dejar pasar el tiempo. Lo difícil era que no te doliera.
Negociaba su demora y pactaba su adelanto.
La sintaxis del error demolía poco a poco su fragancia esculpida en sueños y el....

Corazón palpita dentro de mi tórax, respiro. Miro de frente el horizonte, el que veo a través de mi ventana.

Respiro.
No quiero hablar de las nomenclaturas inciertas, ni de la acumulación de errores, ni de los ecos dormidos de mi mente.
No quiero hablar de nada, sólo guardar silencio y respirar profundamente.

Me debilito poco a poco después de tantos en tan pocos.

Miles de palabras que salieron chillando vientos y bramando tempestades recogidas en cuerpo vivo y mente prematura.
Inciertos ecos que retumbaban encogidos de fragancias putrefactas que depuran el dolor más puro que hubo y siempre existió. La soledad cierta de querer compartir sin entendimiento ninguno aquello que estaba impregnado en cada molécula viva de piel.
Ella, diosa de lo intangible. Praxis de su desdicha.
Ella, la que nunca existió y siempre estuvo.
Minutos de placer reverenciados para llegar a la conclusión más cruenta y fatal de una existencia.
Ojos de cristal y voces sin sonidos. 
Respiraciones en catapultas y sonrisas muertas.
Egos incompletos trasmutados en desolaciones.

El sol caliente y el frío corroe mis neuronas en segundos. Se desintegran. Giran el eje del mundo en grados comprensibles más allá del intenso golpe de mis caderas, buscando el jugo de tu universo y el zumo de tus pupilas.
Y mientras todo ello ocurre el mundo se percibe en una eternidad infinita y carente de medida...
Nada existe, más allá de su práctica, de la sombra más real  que me persigue, de aquello que siempre existió en las penínsulas de mi cabeza cosidas a capilares en el pálpito de mi razón.

No hay verdad más absoluta.









 

Sol edad.


Pues todo era lúcido o quizás semi-lúcido. Acaban de llegar al bar después de estar cuarto de hora en la Puerta del Sol. 


Querían hacer acto de presencia aunque fuera algo simbólico. La somanta hostias que habían dado a los chavales de Valencia aunque fueran perros de caza de la delegada que a su vez era esclava de una ideología, merecía en su fuero interno cierta pataleta.  Todo ello a pesar de, sabiendo que. No se puede ir cortando calles y tráfico a diestro y siniestro. Tampoco calefacciones...
El bar.
El joven y el viejo, la incultura paleta de la falta de conocimiento.
Una cerveza y una coca-cola.
Escucha, no digas nada. Los destrozaría con dos palabras. Escuchemos, reflexionemos y extrapolemos.
El egoísmo de la circunstancia. El egoísmo del pensamiento que se queda estancado en la falta previsión. No eres estudiante, no te quejes.

Quizás a veces, nos falta el valor de llamar a las cosas por su nombre. De decir a la incomprensión que no, que nosotros no somos así. Simplemente al final, queda el componente humano, que en pedazos nos va a poquitos reconstruyendo de humanidad. Pero, como mostrar verdades, a ciegos de alma y sentimiento.  


La inercia y la suma de las cosas.

Las palabras no decían lo que quería contar y dejó de escribir. Respirar le costaba pero no podía dejar de hacerlo y se acostumbro a ese medio existir.
Se despertaba, tomaba conciencia de su cuerpo y sólo tenía que dejarse llevar. 
La inercia. Y la suma de esas otras cosas. La piel anónima de un buen amante, o de aquellos repetidos, las lecturas, las conjeturas, el cielo arriba y la tierra abajo. Y la mierda corrosiva de sus adentros que podía dejar pasar entre sus orgasmos y su triste mirada a todo lo que le rodeaba. 
Todo lo que le rodeaba. Cínico, estúpido e insuficiente.

A pesar de, nunca daba todo por perdido, había demasiado orgullo en sus adentros para dar por bueno a aquél estado deficiente. 
El malestar estaba definido en concretos, demasiados concretos para poderlos eliminar.

Las babas que impregnaban su cuerpo de día le parecían veneno de noche o al revés.  Daba lo mismo, es que todo daba lo mismo. Era triste y si hurgaba patético. Todo deficiente. Demasiado intenso por minutos. Demasiado nada por espacios. Insustancial.

Echaba de menos muchas cosas pero nunca le faltaban ganas. Ese ansia de sentir más allá del entendimiento de una neurona lúcida y tres pensando. Las palabras, las palabras...dónde estaban aquellas palabras para contar lo que quería decir...y decir lo que quería contar.

Pero cuando encontró la horma de su zapato de cristal, dejó de preocuparse. La mierda compartida expresada en follados de amor, daba lucidez al asunto. 
Y algo mucho más importante. Perspectiva...
Así pues por qué escribir más sobre la pestilente existencia del vertedero de los sintiendo escondidos en la alfombrilla del ratón y de los chorros de los fluidos de su: Entre las piernas...
Todo iba a quedar dónde ella quería que estuviese. 
En su cabeza.

Potencias muertas.

No estoy seria, no estoy triste es sólo que estoy pensando una vez más.

Mientras intenta hacer uso de sus neuronas, dos manos magrean sus tetas sin silicona y un boca arranca la epidermis del tatuaje de su cuello.
Todo es como debe ser. 
La insustancial existencia deja paso a la verdad más absoluta.
Escribir calma unas ganas inexistentes de contar algo más allá del absurdo que rodea. Chillidos sin voz, miradas sin ojos y caricias con muñones.

Sexo, seso y rock and roll con alevosía e intención y la verdad lírica de la palabra para la incertidumbre de la existencia. Demasiada mierda que limpiar escondida en la alfombrilla del ratón.

Pasearse por el mundo con esa sensación de por qué importa tanto lo que no tiene remedio es cansado y más aún en la línea del fluido y la neurona. Miles de silencios convertidos en miradas que se quieren expresar porque hablar cansa el sentido.
El sentido de la verdad.

Entre ellos y todos los demás, entre ellos y él. Entre, ante, con...Con doscientas dieciocho razones para transitar. 



 Mauricio Barraco. Labios rojos. http://mauriziobarraco.blogspot.com/