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Ying Yang

Esperando que se arranquen las palabras.

Tan gris como el cielo y tan húmeda como la tierra. 
Un trozo de naturaleza inerte que patalea queriendo salir del mundo.
Un pensamiento que se enreda en otro. 
Un nudo con proclamas imposibles dónde todos somos libres.
Una causa conjunta dónde poder respirar no es un derecho si no una naturaleza.

Y en la cama alguien abraza y susurra entre el rostro y su roce,
Y vive, vive sumida en un vuelo muy alto, rodeada de aire y cielo, de ganas, de latidos del tambor del pellejo de su alma.

No hay dudas, ni sutilezas, ni palabras medias, ni medias palabras. 
El cielo llueve y fumo cigarros liados, contando, pensando y sintiendo. Loca por vivir, rodeando la mierda, contando gotas, sin soluciones, sin formas determinadas, loca por vivir, por arrancarme la rabia de esta conciencia. 
Me recato el pensamiento, me aprieto el sentir. 
Sueño en vivo y en directo, no hablo, no cuento, muero con la lentitud de los segundos, me rompo por dentro, crujo, me deshilacho, me exploto.
Espero que se me arranquen las palabras y me den la parte que no tengo, la que se fue, la que me quitaron y arrancaron del fondo profundo de mí.
Y al margen 
Miles de partículas que aplauden el momento preciso del beso, de la conjunción, de la cúpula profunda que te folla el alma y te chilla que estás vivo, y que los muertos son otros, otros, ni tú ni yo, otros. 
qué somos margen y principio, qué somos palabras sin voz, qué somos la voz sin las palabras.
Y me enciendo otro cigarro y observo al mundo.
Y espero.
Y sólo espero que se me arranquen las palabras y me den la parte que no tengo y quiero para rajarte el ánimo y besarte el alma.






1 comentario:

  1. Explosiones de palabras... Estallar en un grito, ... que algo te folle el alma ya es mucho.
    Besis.

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UFS: Unión de Folladores Salvajes.
Ufs: Unilateral fusión de sensaciones.

Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

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