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Ying Yang

El talento de las teclas.


Miro mis manos que no se curan y casi todos los perfiles de las cosas que rodean el espacio, pensando si me quieren hablar. 
Si su colocación o su forma, en un acto vandálico generará un proceso. 
Remiro el purito que me he fumado, (eso no cuenta). Al abrir la petaca su intenso olor se me ha metido dentro, de mi cabeza, de mí y el olor a generado su forma, su tacto, su sabor  y quizá las ganas de escribir.

Me molesta, no escribir del tirón y de golpe. Será el vacío lleno de incomprensiones, que me hacen dudar y releer. Intentar comprender la emoción, el sentimiento, o las ganas.
Y es que  una,  fuga a otra, se chocan, se entorpecen y se van.
¿Se me han perdido las inspiraciones y los sueños?


Reclamo mi gloria, mi imagen en tus pupilas y el susurro de mi nombre en tus labios.
Reclamo la punta de tus dedos, tu deseo.
Reclamo la libertad de mi seso y su estúpida transparencia.
Reclamo su libertad de expresión, su grito y su silencio.

Reclamo el nacimiento de una era de verdad y para siempre.
Reclamo el chillido de las conciencias dormidas y mudas que transitan pero no ven. Porque me duele el sueño, el silencio y la indiferencia, y esos sufridos estúpidos que asumen la doctrina del poder, en un rezo sin consecuencias, en un al margen impoluto, en un escalón por encima lleno de resignación y estigma que no ven qué matan y el sistema ejecuta.
Y al escribir; la tristeza, la jaula lúcida, la repetición del sueño y el perfil de las cosas.
Entonces mi cabeza con sus ojos, levantan vuelo y el azul que distingo en el horizonte quebrado por las montañas me parten un poco.
Una fisura metafísica, un resplandor espiritual o algo así, una posibilidad de sentirme naturaleza, un paréntesis esponjoso que resopla, un fuera de, un al margen que me da segundos propios y consecuencias intangibles.

Tecleo el punto. No me sale escribir más, siento inacabado el texto o será quizá, esa sensación que tengo dentro del ahogo, de la preocupación, del  ansia, dentro del querer alcanzar y no llegar.
Dejo de escribir.
Necesito besar, tocar y palpitar, sobre todo palpitar.

Todo lo demás es consecuencia de las teclas porque así lo decido, porque así lo quiero, porque el sonido tonto de su tecleo no tiene ni consecuencia, ni lógica. 
Nunca fui bloguera, nunca escritora, nunca poeta, nunca ambición. 
Sólo fui una persona qué seré.
Qué soy.


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