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Ying Yang

Cuerpo



Cansada la mente, cansado el cuerpo, aprieta las piernas muy fuerte. La fuerza de la profundidad la  sobrecoge y de la cocina sale el sonido de la radio que se reparte por ahí, por todos los ahí.
No importa el cansancio, se dice.
A la vez siente esa intensa necesidad de límite ante su infinito y su boca empieza a segregar cierta ansiedad buscando su deseo. 
Deseo que está encerrado en un bote de porcelana de células que laten por si solas, al margen de conocimiento o querencia, inteligencia o locura. 

Su cuerpo se traslada al suyo. Lo siente  al lado y dentro, palpitado, erecto. Sonríe ante la física ilógica de la cabeza, sabiendo que no hay nadie y mientras, la punta de las montañas con nieve ejercen el privilegio de ser una magnitud de su sensación.
La observan. 
El calor empieza a embriagar el frío de sus neuronas que trasmiten mensajes codificados de pasión negativa, pasión positiva. Sus terminaciones nerviosas se vuelven locas, sigue apretando las piernas muy fuerte, sabe el recorrido exacto de sus pensamientos, dónde están y porque los fuga.

La necesidad imperiosa de comerle la boca, lamer sus labios y más cosas, esas cosas que endulzan todas la cosas.
La embriagan.
Sus manos buscan en su desesperación cierto equilibrio, expresar el deseo, el miedo y esa soledad tan perfecta por serestar acompañada.
Sufre una enajenación: 
Erguir el infinito y hacerse dueña de su poder ilimitado, dueña de la constante sutileza del deseo más oscuro y más bello jamás re-sentido.
Porque eso la pide.
Volverse locura.

La radio sigue esparciendo sonido, las piernas siguen apretadas, la nieve en las puntas de las montañas, y su máximo deseo topado con la realidad. 
Sonríe sin gesto.
Su mente se ilumina por una fracción de segundos y empieza a notar la punta de su lengua por su nuca desnuda, su pelo se suelta manchando su espalda, sus manos son un manto de  sensaciones. La cubren por completo y siente.

Lo siente.
Está llorando.
En silencio, sin que nadie pueda ver tal arrebato de desesperación. Ella es su único consuelo, su única razón y la odia, a cada lágrima, a cada beso, a cada paso miserable y crujiente, la odia con la vileza de saberse poseído de amor.
Se difuminan, no existen.
Son un conglomerado heterogéneo de masa perfectamente codificada en adn, sus células en orden dan forma a sus órganos vitales. Sus años de él  más sus años de ella, de historia, de historia queriendo ser una.
Quizá no lo consigan, son entes separados demasiado unidos. Sus miedos son distintos, sus perfecciones inexistentes, él egoísta y déspota, ella cabezota y estridente, él mentiroso e iracundo, ella irresponsable e ilógica.

Nadie sabe la verdadera naturaleza de su compromiso, ellos tampoco, les supera. Al fin de al cabo sólo son simples mortales. Ella más, más sangre, más verdad, más miedo...sólo tiene sin, se llevó todos sus con, no la queda ninguno.
Retoma la realidad, sin, sin, sin, sin...Con. Sólo uno. Irracional.
Irracional incluso para él.
Está llorando.
En silencio y sin lágrimas; ella nunca llora.
Su padre se llevó sus lágrimas, su primer amor, su segundo amor, esa posibilidad, esa muerte, aquella otra, esa enfermedad, ese grito, esa desilusión, ese silencio, ese...

Silencio, se colma de silencio, no hay nadie, sólo ella.
Sólo ella y su con.

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UFS: Unión de Folladores Salvajes.
Ufs: Unilateral fusión de sensaciones.

Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

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