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Ying Yang

La concha del fantasma

Por cada palabra hermosa. Me soltaba un bofetón que me dejaba marca, sin embargo ya no me dolía, había aprendido a entrar en una especie de trance difícil de explicar por complejo.
Cuando dijo que al nombrar tanto el amor no era creíble, no pude imaginar lo que su mente retorcida pretendía. 
Él nunca vivía el presente, siempre estaba rodeado de pasados y futuros. 
Era muy triste, pero sobre todo patético por el uso indebido que hacía de las personas. Muy a pesar de que fuera con su consentimiento. Hacia bases de datos de todo y de todos.  Era de esas personas que te podía convencer en minutos de que el cubo que estabas mirando era  una perfecta esfera.
Fue la persona más peligrosa que conocí nunca. 
Él no quería esconder esa parte de su personalidad ante mis ojos.
Me pregunto si quería casarme con él. No conteste, sólo exprese de una manera sencilla como mis arrugas se imaginaban de la mano de las suyas. Era hermoso, dentro de mi cabeza.
¿Quién querría unir su vida a semejante engendro?. 
Yo realmente era un ser cibernético preparada para matar.
Me eligió para matarle.
Al tiempo descubrí que tenía alma.
Mis circuitos impresos.
Dejaron de ser importantes.
    

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UFS: Unión de Folladores Salvajes.
Ufs: Unilateral fusión de sensaciones.

Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

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