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Ying Yang

Relato de rato I


Cada vez que surge un imprevisto me parto en dos, no hay tanta capacidad de arranque. Y me quedo absorta mirando la nada que hay en todo. Ni líneas que dibujan imaginaciones, ni vuelos sin motor por el mundo de los intangibles. En estado vegetativo parcial, porque mi cabeza ronda y ronda y vuelve a rondar.

Fumando con frío miraba el hueco del cielo que dejaban los edificios, de fila sobre fila de ladrillo más sus ventanas. Cajas de personas y entre medias el cielo, allí alto, entre negro de nubes y azul me vuelo. Apenas personas por la calle, no había ninguna persona, solo ella. Fumando y mirando el cielo esperando que sucediera algo, tan atenta al paisaje que se sentía como la figura de un cuadro al oleo; con grosor, matiz y linaza. 
Siempre se sentía así cuando salía a fumar, al no ser que algunas personas se metieran en el encuadre y ella dejaba de ser paisaje para ser observadora. 
Las personas adultas no le llamaban demasiado la atención, en el fondo eran todas iguales, con diferente ropa y faz con gesto pero iguales de preocupación y alarde. Eran los niños, los niños quienes la cautivaban, porque ellos siempre tenían vivos los ojos, los que si les sonreías te sonreían o si les sacaba la lengua, alucinaban poniendo los ojos grandes tornasol, o incluso te contestaban a un simple hola de mano y sin voz.

El caso, es que esa mañana a esa hora, solo estaba ella, con el humo del cigarro y su mirada perdida en la transparencia de lo real, buscando alternativas de sentir y de pensar para tirar esa sensación de estupidez absoluta que la envolvía. 
(...) Silencio y mirada (...)
El cigarro cayó al suelo de su mano, miro la tierra del alcorque, lo piso, respiro profundo y entró de nuevo. 
No era muy fácil explicar que eso de salir a fumar era una forma de sanearse, tampoco tenía que explicarlo, ella era parte de esa estupidez que lo envolvía todo, lo tenía asumido. 

Entró, volvió a su mesa, miró el móvil y se puso de nuevo a trabajar. 




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UFS: Unión de Folladores Salvajes.
Ufs: Unilateral fusión de sensaciones.

Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

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