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Ying Yang

Algo así.

Las volutas del cigarro me dibujaban animadas figuras blancas con las posturas del kamasutra a pesar de que esa misma mañana...

Escogí como fuente de inspiración la nube gorda, de blanco espectacular y gris metalizado, y a pesar de ver mis pies colgando mientras comía palomitas y miraba el mundo con curiosidad e interrogación. No me explotaba nada, indiferencia absoluta.
Sin cálculo, sin aritmética y sin más. Me dirigí al espectacular e intenso mundo del placer, del placer primitivo, nada de mundos interiores y sensaciones metafísicas. Erección, segregación, la punta de las tetas, la punta del pene, la punta de la lengua...
Mi sentido lírico estaba más muerto que mi sensación. Reprosar un orgasmo, se me hacía tan aburrido como leer el manual del buen conductor o contar hormigas.
Dada la frustración,  me supuse imaginada en el borde de unos labios, susurrada y escrita en versos suaves, me apetecía también que me sonaran en una sinfonía cósmica o algo así pero lo supuse más difícil.
Y así me quedé, colgada de una imaginación insatisfecha, esperando que el mundo de los sensibles retornara de algún modo a mí y esperando algo que me retumbara los sextos de los sentidos.

Y cómo todo transcurre, sobre todo y ante todo, el tiempo,  la imaginación llevaba por algún sentimiento lleno,  me encumbraba de nuevo al placer lícito de la postura, que seguía sin entender muy bien, qué era  eso que me impedía la felicidad, sin querer entrar a valorar  a esas sanguijuelas que no estaban chupando la sangre, la ilusión y la libertad porque unos lamentables hijos de la estupidez les habían votado pensando que más allá del Ave María, la peineta y la castañuela estaba el empleo y la salvación de la Ñ y otras cosas de verdad y sin adornos.

Pero las volutas blancas adornadas con la música que rasga y eleva, me estaban dando de nuevo la dulce promesa del infinito y más allá, y era una buena forma de que las volutas blancas se follaran, sin ánimo de perdición y con afán de crecimiento...al roce, al trote, al galope.






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Ufs: Unilateral fusión de sensaciones.

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Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

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