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Ying Yang

A mi oculto amor por ti.

La expresión no la quiero gastar en el dominio absoluto de lo que quiero decir, me parece aburrido, disciplinado...e impersonal.
Tampoco quiero expresar como soy capaz de hacer el amor follando, ni hablar del cabreo que me supone ciertas cosas.
Reconducir este blog es del todo imposible y más cuando no me da la gana hacerlo.

A mí lo que de verdad me gusta, es saltar a la pata coja, reírme cuando me dejan y escribir lo que me salga de las puntas de los dedos, porque con los pies en el suelo sé que este mundo es un estercolero de muchas cosas y sé que es una responsabilidad respirar cuando no te ahogas y chillar cuando tienes grito.

El caso que aquí sigo después de mucho tiempo, esperando que un alarde de genialidad me saque letras que rasguen las pantallas, que levante a los muertos del sofá, a los tristes los haga alegres, a los malos buenos y al mundo un poquito más agradable.



Pienso, siento y existo.
Si lo mezclo, te encuentro, si lo disperso, te veo, si me callo, me susurras...
Un silencio incontrolado que sale de mi, te besa con ganas.
Y no necesito nadas, y no necesito todos.
Porque te pienso, te siento.
Te existo en el silencio de tu piel y en el sudor de tus poros, en la expresión de tus palabras y en color infinito de tus ojos.
En el aroma del viento, y el tacto de la tierra.
En el mundo que no veo, y el mundo que está...
me rodeas, me matas, me recreas, 
me llenas el cuerpo, me vuelves puta, mujer y niña,
me compones la sinfonía,
me vuelves libre y distinta, 
igual y sonriente...
pequeña y grande
vocal  con consonante
calma y furor.


Poesía la de tu amor, narrativa la del mío y alquimia lo que nos une.

  









  

1 comentario:

  1. Tus dedos si que saben rasgar no las pantallas sino los ojos de quienes te leemos.

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UFS: Unión de Folladores Salvajes.
Ufs: Unilateral fusión de sensaciones.

Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

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