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Ying Yang

Sobrenatural

Todavía no había amanecido y volvía a sentir que el mundo le importan un cero coma nada más que ayer. Mientras un milímetro más de cana asomaba en su melena.


Se preguntaba como iba a aguantar aquél vórtice entre sus muslos que lloraban por el ánimo masculino de aquél tipo singular que paseando con la lírica entre sus piernas se abrigaba el cuerpo con gabán militar y el seso con gorra a lo che.
Se lo encontró a la que pasaba por el filo de su mirada a través de unos cristales, animado y sencillo en la realidad de un café moviendo sus manos al compás de sus palabras.
Mientras el té calentaba su garganta ella le miraba desde fuera los adentros y no pudo por menos que sentir el electrocute incierto de la médula espinal que le dijo, conmigo más  el siempre.
Él se volvió por aquello del sentir de una mirada y en las décimas de segundos del clavar de sus pupilas sintió que la flaca descarada que estaba detrás del espacio que ocupaba le iba a arrancar de cuajo el alma a base de besos de seso y sexo.
Acababan de firmar el contrato de su locura.  
Serian cómplices de ánimos y desánimos, contra puntos de vista, verborrea existencial, temperaturas corpóreas, bebidas al dente, sortilegios de tiempos, magias de espacios, bailes ingrávidos...
Él salió con la elegancia del elegido y ella esperaba con la sonrisa de la ilusión. 
La miró como caído del cielo le ofreció su mano blanca y dijo.
Señorita...
Ella le besó en azul cieloymar y le dijo.
Caballero...
Y marcharon caminando despacio y al ritmo del órgano vital.  
Yo me quedé mirando desde arriba con el poder del narrar y pensando. Jo, qué suerte tienen algunos mortales...

4 comentarios:

  1. Sí aunque los marcianos a veces tenga cierta distorsión...jajajajaja ;-)
    Un beso.

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  2. Jo...qué bonito...estás que te sales en estas dos últim....penúltimas entradas, ein?

    ;))

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UFS: Unión de Folladores Salvajes.
Ufs: Unilateral fusión de sensaciones.

Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

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