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Ying Yang

La fatiga del sueño.

Se me acaba la escritura cuando el te pienso me escuece y necesito capacidad pulmonar para sacar todo lo que me inspira.
Silencio adornado con el pentagrama de lo que quieras. Tengo de casi todo...
Elegir con la cautela de las neuronas, los latigazos de la sangre y el olor de las vísceras es un ejercicio de estrés que me entretiene tanto que sufro por el peso del lastre del pensar que siempre me dejaré algo atrás.
Y cuando la certeza del es mío y de nadie más me invade, revuelvo sin pudor en la papelera de reciclaje por miedo a que algún residuo tóxico no se haya desintegrado y no me deje el poder disfrutar del olor fresco del presente continuo...
Lágrimas y gemidos trémulos en soledad y el hielo de mi mano me rompe. 
Se me ha abierto la locura y desquebrajado los sentidos goteando tu nombre. 
Me duele el cuerpo de ansiar el sabroso caudal que encierran tus ojos esperando con el honor de los vencidos.
Me rindo.
Me negaba ante la evidencia de que es mucho más que un todo sobrecogida por la nada de mis recuerdos impregnados de dolor.
Los centímetros del recorrido de mi espalda que añoran la punta de tu lengua, manifiesta un escalofrío cuando el filo de tus neuronas muerden mi cuello y la curva de tu nivel sodomiza mi escuálida confianza.
Tus ondas magnéticas testiculares se clavan en el epicentro de mi tierra húmeda rompiendo sólidas añoranzas y desintegrando pilares insostenibles.
Ahora que me he rendido ante el poder que nos ocupa y con la humildad del peso que nos consume te puedo susurrar que te doy la libertad de mi cuerpo y mi alma.
Y el libre albedrío de la capacidad pulmonar envuelta en suspiros escupe palabras con mi ton y mi son. Porque aquí no hay nada más importante, que la conjunción del lo que me da la gana, más la cautela de las neuronas, los latigazos de la sangre y el olor de las vísceras. 



Les Violons Du Roy – Mozart: Requiem In D Minor, K. 626

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UFS: Unión de Folladores Salvajes.
Ufs: Unilateral fusión de sensaciones.

Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

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