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Ying Yang

La lírica de un domingo.

Todo empezó a ser extraño cuando se puso a bailar la misma canción de ayer. Sin ganas de discutir salió sola de casa. 
El mando del garaje se había quedado sin pilas pero no, era la maldita puerta, apertura manual, genial, sólo había un problema, el tope de la puerta estaba hecho para tipos de dos metros, bueno, si pegaba el coche lo suficiente a la puerta y la levantaba con impulso espartano femenino, a lo mejor, a lo mejor...a lo mejor la daba tiempo a salir corriendo al coche, quitar el freno de mano, acelerar y salir sin que la puerta le aplastara. 
Detente loca. Los amigos también están para sujetar puertas de garaje y no solo para las copas y demáses. 
Y mientras una sujetaba la puerta y la otra conducía, se chillaron las últimas novedades, ambas contentas sin tener motivo auténtico para estarlo pero tenían la gracia y eso era más que suficiente para sonreír.
La música al quince, entre Frank y Led, moviéndose y haciendo el tonto, le gustaba hacer el tonto, se sentía libre .
La gente estaba gilipollas los domingos, éso o eran los panolis que sacaban el coche para lavarlo aún estando limpio. Tres putadas y ni una sola palabra malsonante, un largo de luces, y un "Hay que mirar" con el dedo en el filo de las gafas de sol ouh yeah al adelantarles.
Papá y mamá están simpáticos pero ya no le pasa una a madre y tres leves encontronazos conversados son la muestra.
Cuenta algunas cosas graciosas, bueno, más que graciosas con gracia y ríen.
El café, la tranquilidad, el maquinillo de liar el tabaco, qué seáis buenos, besos, me piro.
Un edificio descarado se cruza en la retina, fotos, la gente mira, la gente es muy tonta.
Rotonda y otra vuelta a la rotonda, no está pensando en nada, ¿Por qué ha tenido que dar otra vuelta a la rotonda?
Quique y Mary viven ahí, qué será de ellos, siempre que pasa piensa en parar y nunca para, y sigue canturreando y pensando que está cansada.
De repente se da cuenta que si tiene que ir a ciento diez kilómetros por hora todo el maldito tiempo aún que sea a un espacio de cincuenta kilómetros se va a dar un castañazo fijo.
En las nacionales ¿Hay radares? a la mierda las autovías. 

Qué frío, el gato se sube en su regazo la acaricia el rostro y de repente una voz le pregunta que hay de cenar, se levanta, hace sopa y algo más, cenan separados, ella se da cuenta que la duelen la planta de los pies, se da crema, sonríe y da las buenas noches en pensamiento. 

Y entonces vuelve a escuchar la canción de David el Gnomo, se olvida de lo que la ha cabreado pensando que va a ir a su puta bola cómo la gusta hacer y  publica la entrada.

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UFS: Unión de Folladores Salvajes.
Ufs: Unilateral fusión de sensaciones.

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Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

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