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Ying Yang

STRONG


Me escuecen los ojos de mirar las teclas entres los cristales de mi corneas. 
Me ahogo en mis suspiros y mientras eso sucede mis músculos vibran de una pasión tan callada y silenciosa que  te arrancaría la vida sólo por el roce de mi cuerpo.
Somos un misterio insondable que quiso florecer en el oasis de nuestras cabezas machacadas de similitudes. 
Bailamos al ritmo de nuestro tambor, pensando que percusiones y sentidos era suficientes para la abismal diferencia que nos separa.
Nos follamos lo follable resurgiendo de nuestras cenizas para así poder quemarnos con el fuego de nuestros ojos. 
La paz que sentíamos era fruto de nuestra derrota eludiendo el tiempo en el que sentíamos que nos íbamos a destruir.
Vivimos un presente sin futuro y yo soñaba que se nos enredarían las canas y nos leeríamos los mil libros de nuestro mundo en la devoción de nuestros cuerpos y en el descubrimiento del filamento de nuestras neuronas.
Siempre supe que mi mundo era el mediocre y el tuyo el del byte y por eso quise pensar que la  línea fina que los difumina algún día no la esnifaríamos desde el ombligo hasta la  punta de nuestras lenguas.
Me escuece la sangre y me falta el aire, pero no seré yo la culpable de nuestra derrota.
El dolor de mi cuello me cercena ciertas ganas y el pánico de mi cabeza la razón.

Jamás di gato por libre, ni amor por sexo. 
Jamás chupe una polla en un baño por un tiro de farlopa y mucho menos he dejado que me de la chapa un tío por una copa de mierda.
Jamás quise hacer un texto así, para demostrarte que el resto del mundo me la pela.
Y jamás amé tanto como te amo a ti.


y recuerda siempre que el reconocimiento social de la blogosfera me lo paso por el forro de mis neuronas.

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UFS: Unión de Folladores Salvajes.
Ufs: Unilateral fusión de sensaciones.

Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

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