La intención derrota mis ganas.
Una taladradora cimbreaba mi cabeza. El frío que sentía, mi cuerpo.
Silencio, oscuridad y un profundo cansancio.
Zzzzzzzzziusssssssssssss.
Algo me ha traspasado el sentido, no sólo lo he oído, lo he sentido. Un sonido grave, en ráfaga, a la velocidad del "no me da tiempo a saber qué" me ha retumbado el cuerpo, el agua de mi cuerpo, qué coño ha sido eso. Nunca jamás he sentido algo así, lo recordaría, estoy segura de lo que recordaría.
No hay nada semejante en mi cabeza que haya sentido como para poder compararlo.
Miedo, me entra miedo, minutos de miedo, verdadero, solitario y frío miedo.
Mi mente, el espíritu santo, la manifestación de una fuerza, su puta madre...
El gato. Roza mi costado, se ha movido. No estoy soñando, no estoy en somnolencia.
Tres minutos de absoluta desconfianza.
Mi cuerpo, mi mente, yo.
Mañana, me tengo que ir a mañana, hoy está muerto, no me sirve, no me ayuda, no hay más datos.
Mañana...mañana...



La desconfianza es eterna, no sólo tres minutos de dolor nocturno.
ResponderEliminarBueno, está eso de..."No hay que fiarse ni de tu sombra". Qué no era dolor, jolines.
ResponderEliminar;-)
Ma;ana ya es hoy.
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