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Ying Yang

Relatando entre letras.



La tensión la descuartizó en miles de partículas de agua y  tres minutos veinte seis segundos bastaron para recomponer aquello que se había descompuesto.
Incomprensibles y miserables minutos de existencia recompuestos por un tono de voz y mucho más que eso.
Reverenció el silencio, cerró los ojos y sintió sin llorar todo aquello que sentía.
Odio exacerbado por los miles de asesinos de los sueños y un profundo respeto y amor por los magos de la vida.

El recinto estaba entre mojado y húmedo, con charcos y en algunos sitios con charcas llenas de barro, muy adecuado para que los niños se pusieran a jugar al patio de mi casa es particular esperando entre sueños y ensueños a los jodidos reyes magos. 
Estos tenían suerte porque a pesar del que padre parado parase en la tasca, la madre hacendosa había logrado mantener el trabajo a base de fregar los suelos de rodillas, así pues podrían tener aunque fuera o fuese juguetitos de los chinos de la esquina y quizá sin pillar una urticaria o un que sé yo.  
Era mala suerte pensaba el padre, entre chato y chato que hubiera o hubiese perdido el trabajo después de tantos años de hacerle los recados, y sobre todo la pelota, pero más aún haber perdido a la Mari,  que después de las horas extras le hacía el fundamental de rodillas por unos portales menos que fregar.
Mientras la madre valoraba su buena suerte, pensando en aquél tipo de corbata cara y colores brillante se hubiera fijado en ella. Sobre todo porque le gustaba de hablarle en francés mientras no tenía que limpiarle el despacho y olía a gloria cara, no como el borracho de su marido que olía a espanto tasquero mientras decía no se qué de un griego. 

Y todos tan contentos, cada uno en su inopia. 

Mucho más, que aquella madre del tercero que cada día tenía que poner a su hijo de catorce años a defecar (que cagar era de vulgares) mientras leía sin parar y tenía claro, que de Reyes nada de nada porque el complejo de Baltasar se le había ido con la indignación. A pesar de que su novio, rico en recursos naturales, cantase rock entre las idas y las venidas.


Una bandada de pájaros con punta de plata dibuja el cielo, mientras el color rubio del líquido de la cebada pinta su tono en el cristal del vaso,centímetros de asfalto y una silla ocupada.
Los tonos, las voces, el sentido y el silencio que conversa.
El tiempo roto, una pausa de placer vulgar, sus piernas cruzadas en zapatos de tacón negro, su mirada escondida tras los vidrios de las gafas, relatos de vidas y cuentos de sueños, cigarros que se encienden y sorbos de pasión dormida descansando en sus ojos.
La temperatura les duele el cuerpo, pagan y cogidos de la mano se van.

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UFS: Unión de Folladores Salvajes.
Ufs: Unilateral fusión de sensaciones.

Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

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