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Ying Yang

...

Mis tetas no son de siliciona y mi corazón menos.

La realidad se manifestó de manera clara y contundente. La sudoración de su cuerpo le atrapó en el recuerdo de un orgasmo fingido.

El leve peso de su pecho lleno la palma de su mano.
Te quiero.
No puede ser.

Las palabras se esfumaron en vapores de intensidad incolora, las mezclas intransigentes de los sentimientos le escupieron todo aquello que había encontrado en la mirada vacía de un bote de cristal.
Nada.

Se miró el cuerpo desnudo en el espejo pensando quién era el dueño de aquella geografía esbelta que había chorreado flujos y jadeos a partes iguales con la única verdad por delante que ella conocía.

La mentira de un recuerdo, la enfermedad ilógica de la mitad de un todo.

Se recupera lentamente sin la menor muestra de actividad cerebral, podía hacer el esfuerzo de exigir la inspiración del momento, recordar el último polvo, la última indignación, la última vez que sintió amor del bueno, la última pena profunda….

Todo había sido arrasado por aquél ciclón de paz silenciosa, todo había pasado a segundo plano, todo se había esfumado….

Tenía y podía elegir las palabras, hablar a la segunda persona del singular, estimular las zonas muertas...

Encender la vela de un sentimiento….para qué, para qué… No quería seguir con aquello.
Y no siguió.
No le había querido, le había querido querer.
Y la comisura de sus labios se estiró.

Mientras unos refuerzan sus creencias otros buscan en las que creer y yo simplemente y como siempre sólo soy una persona.
Cerebro, corazón y piel.

1 comentario:

  1. Y huesos rellenos de tuétano...no lo olvides...si estuvieran huecos tendríamos un eco constante resonando entre sus paredes.

    ;)

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UFS: Unión de Folladores Salvajes.
Ufs: Unilateral fusión de sensaciones.

Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

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