Hablaban sin parar, como siempre.
El bebia sus tercios sin apartar la mirada de ella, cada vez que daba un trago, le clavaba la mirada y ella se dejaba clavar.
Si la chaqueta tomó importancia en la conversación, sólo fue porque ella dijo que parecia una levita del siglo XIX.
Sin la pegatina, él montó, mientras decía: "Me ha encantado verte"
Ella contesto: ¿Cuanto?
¿Cuanto qué? dijo él.
¿Cuanto te ha encantado, verme?
Mucho.
Ella desplego su gran sonrisa y se marcho con la certeza absoluta de que si le hubiese invitado a subir, ese día y no otro le hubiese despellejado la boca de tanto besársela. Éso sólo para comenzar y aquél día no llovia.
Jamás prometería nada tres veces sin saber el largo alcance de tu deseo.
Wenas que tal todo?...........
ResponderEliminarSe jodieron las vacas gordas, ahora vienen las flacas, jejejejejejejejej.
Espero poder segir leyendo e intentar entender algo. Eres muy intrigante Anele, jejejejej
Besos.
¿Intrigante? Ouuuh Yeaaaah, me encanta esa palabra.
ResponderEliminarBién, todo bien.
Besos.