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Ying Yang

Un completo momento.





Sin pretenderlo me encontraba justo dónde días anteriores comentaba quería estar. Al margen. Sin principios ni finales en la cabeza, sumida en un vaporoso regodeo de tranquilidad.
Lo disfrutada sabiendo que sólo era un paréntesis preciso, conciso, circunstancial. 
Escribía y percibí el sonido del silencio impregnado en el ventilador del 0rdenador y en el sonido estúpido de la tele. 
En la sencillez propia del momento, me percaté que necesitaba otro tipo de sonido, el de la música sin voz. Y una vez  más puse a Bach imaginando que algún día sería capaz de recordar biografía y obras para regocijo de mis neuronas y alarde personal de tertulias intelectuales y estúpidas.

Habían pasado dos días, pero mi cerebro computa tres, así eran las cosas de mi cerebro, creo que siempre fue por libre con sus motivos. En cualquier caso, justo en ese momento estaba en un estado de semi-equilibrio perfecto que deseaba disfrutar. 
Era yo y mis sensaciones sin nada que objetar.
Si me ponía a pensar no podía comprender ese estado de disfrute existencial, y no era cuestión de inteligencia que dado el caso sencillamente no pensara. Era que no lo necesitaba, en ese momento justo necesitaba otra cosa.
Esa cosa que me estaba sucediendo y lo estaba disfrutando. No necesitaba la culpabilidad aprendida que llevamos todos, ni la situación concreta del momento histórico. 
Sólo necesitaba música y encontrarme la respiración que realmente escuchaba sin ningún esfuerzo. 

Era parte de una responsabilidad muy importante encontrarme bien porque necesitaba lo contrario a tristeza, cansancio, ira, indignación, hastío...
Estaba tranquila, calmada y atenta a mi respiración que se perdía por el fresco nocturno de una noche del todavía verano del dos mil doce.
Y lo estaba disfrutando, sin más ambición que posicionarme en el centro justo de mi existencia...

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UFS: Unión de Folladores Salvajes.
Ufs: Unilateral fusión de sensaciones.

Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

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