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Ying Yang

¿A qué huelen las nubes?

Estábamos hartas. Las letras y yo. 
Caminaban por mi cabeza con los hombros caídos y me miraban con sus ojeras suplicando descanso. ¿Qué quieres ahora? me decían todas a una voz, pero eran las minúsculas. Las mayúsculas nunca las había utilizado. Estaban mal vistas por su geometría directa y chillona. Y me puse a pensar en ellas intentando sacar algo de provecho.
Realmente no tenía necesidad de expresión, ni ellas ganas de ser utilizadas. Además sabía que si juntabas las mayúsculas perdían personalidad y necesitaban un toque de distinción para sentirse orgullosas de ser utilizadas. No era sólo el escribir algo magnífico con ellas, era el querer utilizar las veintiocho para que ninguna se sintiera menospreciada. Me había propuesto un reto que no sabía si sería capaz de alcanzar pero eso realmente me daba lo mismo.

No tenia ganas de escribir por escribir, ni necesidad de expresión. Me sentía perdida con la idea, así que no la utilice y me puse a pensar por qué estando a mi rollo a las nueve de la mañana en el mirador con humedad ambiente y misterio en mi cabeza, había aparecido aquél señor con un beagle. El perro de ghost in the shell era un beagle ¿Era un beagle? realmente no lo sabía pero si no era se parecía bastante. 
Yo no buscaba las casualidades, sólo surgían en mi cabeza, eran actos reflejos de las neuronas, no forzaba nada, no pensaba nada; era como esa tontería tan graciosa que me hacían de pequeña. Yo me sentaba con las piernas colgando, y en un punto determinado de mi rodilla me daban un leve toque y ¡zaca! la pierna pa'rriba. Aquella cosa me alucinaba y me hacía gracia a partes iguales proporcionadas. Esto, era algo parecido.

      Deje de pensar en ello y pensé en muchas más cosas y de paso me puse a caminar después de haberme sentado en la punta de un banco de madera que estaba empapado de  agua de lluvia. 
El sonido de mis pisadas que no se veían, pero estaban, rozando la tierra del camino,  me hipnotizaban y no podía dejar de dar, un paso tras otro, un paso tras otro, un paso tras otro.
Entonces me empecé a cruzar con rostros que no me gustaban, me miraban raro y encima se tonaba que no disfrutaban las hojas bonitas, la niebla difuminada, ni el olor de verde-ocre húmedo del otoño. Eran todos feos, muy feos.
Y al percatarme de aquello, también me percaté de que había caminado demasiado de ida porque me faltaba la vuelta.

A las dos horas estaba en el coche buscando un jodido parking en una zona de Madrid, había escuchado la canción unas cinco veces sin parar y estaba empezando a enfadarme. Pero se me pasó. 

Lo siguiente que recuerdo, es la imagen de un chico con gorro de lana y bici, qué resulto ser mi hermano. Y mi alegría al pensar que después de tanto tiempo se me había vuelto hippie como yo quería. Pero no, debajo de la chupa y del jersey lleva una camisa de cuadros, de esas que yo llamo de oficinista y no me gustan nada. Pero como era de mi padre me parece bonita de verdad y elegante, muy elegante.
Lo siguiente, mi hermana queriendo respirar porque ha llegado tarde, y preguntando por los arañazos de mi mano. El puto gato. Ssssh. me dicen. Si es un puto gato, es un puto gato, en una notaria o en mi casa. Y no hay mas Ssssssshhh. 
Preguntas, respuestas, preguntas, respuestas. Caras distorsionadas por la pena y que no entiendo porque estamos hablando de matemáticas legales y no de ciencias naturales, pero el tío tiene su punto y nos reímos por lo menos dos veces en dos putas horas.
Acaba la reunión, lirili, larala y nos ponemos a hablar del nexo de unión. Resumimos y concretamos porque podríamos hacer un tesis al respecto.
Nos quedamos con las ganas de estar más tiempo juntos pero las obligaciones y las responsabilidades y las mandangas siempre mandan.
Y un toli se nos queda mirando, a nosotras y al coche, a nosotras y al coche. Qué cosa más tonta, pienso. 
Y no sé como ha sido que ahora estoy escribiendo esto.
(...)
Y ahora ya es de noche y te echo mucho de menos.

1 comentario:

UFS: Unión de Folladores Salvajes.
Ufs: Unilateral fusión de sensaciones.

Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

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