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Ying Yang

¿Qué haces?

...mientras te llamo
Y no me escuchas. Y no me escuchas...

Expandirme en el eco de tu silencio...
Mientras no puedo dormir y el cosmos se me hace pequeño y te beso sin sentir y te sueño sin dormir.

Disuelvo mis pensamientos, mientras la aguja tatua mi carne y sólo siento dolor y el sudor de mis manos.
Mientras hablan a mi alrededor ni siquiera tengo que cerrar los ojos para estar en la soledad del vacío e imaginar que la energia llegará a base de la concentración  de la metástasis incierta que nos ha colocado en el mismo tunel de espacio y del tiempo, pero tú no me escuchas...déjame acercarme, déjame darte el odio que no siento y la calidez de mi frialdad.
No me congeles en la probeta de la repercusión de las miles de las posibilidades buscando la conducta que se repite desde que un beso me dijo adiós detrás de la carne de tus huesos.
La física cuántica con las moléculas de mi existir se cruzan con las tuyas a ritmos de taquicardias periódicas rogando que se me pare de una vez, el puto corazón para dejar. Qué tú, parte de mi todo y mitad de mi existencia tengas la libertad que tanto desea y yo la paz de los muertos.
Haciendo el cambio absoluto de la intransigencia de los elementos de tu triste agonía que me congela las entrañas por el sentir más puro de mis células vivas.
Yo no me puedo permitir el lujo de dejar mi pensamiento trabado en lo que ya sabemos y pocos quieren escuchar.
Estás colmado de atenciones.
Incluso de las mías que acuden a tus pitidos de socorro pensando que de verdad, que la verdad, que en verdad...que con la verdad del sentimiento del instante ocurrira el milagro de hacer brillar el óxido de tus píxeles en los miles de tonos de colores que seremos/somos capaces de inventar.
Y vuelvo, y estoy y soy. Porque te escuchó, te siento, te vivo en mí.

Así de sencillo.
E irreal para aquellos que nunca sintieron lo que aún no se ha sabido definir.

Si el remedio fuera un transplante de corazón. Yo te daría el mío.
Está chuchurrio de tanto querer pero siempre latió por la fuerza del brillo de mis ojos y el arco de mis labios finos.

5 comentarios:

  1. La paz de los muertos....

    Yo también participé una vez de la idea de que después de esto se encuentra la paz. Ahora que vivo en la duda más exstencial, nada parece indicar que trás la pálida dama se encuentre la paz, sabemos que los que cruzan el umbrál no regresan pero eso no significa nada más que que el camino es de una sóla dirección y hoy en día temo que el más allá esté lleno de la misma mierda que el más aca.

    Se impone pues, un aprovechamiento al máximo de los minutos que nos queden.

    Un beso.

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  2. El pensamiento cobra dimensión cuando se empieza a escribir. En la cabeza es algo abstracto y sin definir.
    Cuando escribo mis pensamientos se filtran por mis dedos con la soltura del simple hecho de apretar tecla tras tecla.

    Dividir a los mortales en hombres y mujeres es un error que no deja disfrutar en todas las dimensiones al ser, primero hay en encontrar al ser y luego al hombre en mi caso.

    De esa forma el amor cobra otra dimensión.

    Mi entrada dice muchas cosas, muchas más de las que se leen a simple vista (como todas) que justo hayas comentado ese matiz respecto a la muerte...
    Un beso
    ;)

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  3. Siempre me siento una cosita frívola a tu lado.

    Yo ya no permito que nadie (ni siquiera un anhelo) me chuchurríe nada.
    No sé si me estoy perdiendo algo. No siempre fui tan descreída...

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  4. ...le estás dando demasiado poder "al último hombre que te robó el corazón"
    ;)
    Tú ¿Frivola? ¡¡Ni de coña, no me lo creo!!

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  5. ¡Ojalá!
    Al menos hubiera sentido una ruptura. Soy yo la que lo va dejando todo por el camino...
    No sé si es inmadurez, o que mi sino era tener pelas como Liz Taylor y cambiar de marido como de bragas.

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UFS: Unión de Folladores Salvajes.
Ufs: Unilateral fusión de sensaciones.

Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

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