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Ying Yang

De la niñez...


Recuerdo....

Teniendo unos ocho años, o más, o menos...No recuerdo. Jugando, me metí en un gigante barrizal. Tan grande era y tanto barro tenía, que me quede clavada, no podía moverme, era como cuando los "dibus" se quedan metidos en hormigón a punto de solidificar.

Llevaba unas horribles botas ortopédicas con plantillas - no como las de ahora- sino de hierro y cuero, mis pies se quedaban en carne viva, cada vez que crecía, había que curtirlas y las rozaduras eran de Camino de Santiago ida y vuelta. Creo que ahí fue cuando aprendí a sufrir.

A lo que iba...yo estaba jugando...lala, la, lala, la...y de repente estaba ahí. Clavada, intentaba echar la pierna arriba y no podía moverme. Vaya susto me metí . Lo recuerdo todavía, imaginaos qué susto no sería. Pierna izquierda arriba. No se mueve. Pierna derecha. No se mueve.

¡¡Qué susto!! Sí, si con ochos años ponte a pensar en densidad, peso, adherencia....

Mis hermanos, ¿Donde estaban mis hermanos? No, los recuerdo. ...Ummmm si yo tenía ocho mi hermano tendría dos y mi hermana diez. Uno de la mano de mamá y la otra también.

El susto...Qué te pierdes....

¡¡Qué susto!! ..Entonces mi padre se giro, me vió, puso cara de: "ya te vale, Elenita, hija". No sé como, me pillo de los brazos y me sacó de allí.

Papá se convirtió en héroe. Ya lo era. Pero esa vez, yo le dí mas medallas que nunca y la banda toco varios himnos en su honor.

***

Quería dar un giro al blog.

No quería clausularlo, ni hacer otro nuevo con otro nombre, plantilla e imagen. Ésta es la mejor manera que se me ha ocurrido.

***

Un día os contare el sueño, ese lo debí tener a los doce o por ahí. Venían los extraterrestres, yo tenía que salir corriendo, saltar un colchón y mi abuela se convertía en "bola"...esfera. Ahí descubrí que era "Rara".

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Ying Yang
UFS: Unión de Folladores Salvajes.
Ufs: Unilateral fusión de sensaciones.

Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

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