La primera vez que me abrí la cabeza, tenía cinco o seis años. Desde entonces me la llevo quebrando día sí y día también intentando saber que pinto yo en todo esto.
Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales. Mario Benedetti
Que fuerte...
ResponderEliminarcuidate esa cabecita...de todas formas quizá hasta te vino bien y despejo tu mente para escribir las cosas que escribes.
Saludos
Tía eres una valiente...en serio te lo digo.
ResponderEliminarPero rezar cansa, de verdad.
ResponderEliminarRezar y orar ¿es lo mismo?
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