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Ying Yang

Miercoles, veintitres de septiembre del dos mil nueve.

Hoy realmente ha sido mi primer día de invierno. (Frío o calor sin término medio).
Ha sido un buen día a pesar del cliente que quería un desahogo para cachondeo de los que en ese momento entrábamos, que cómo no podía ser de otra manera era para mi departamento.
Lo que en un principio parecía ser una triste experiencia más de improperios para la empresa pero que sólo yo escucho. Acabó en una agradable conversación sobre el sistema y la sabiduría de la vejez, la única posible.
Además nos trajo un regalo. Dos mecanismos de cisterna para tirar literalmente al cubo de la basura.
Las divertidas comidas de antaño son tema de conversación en la misma, de doce que éramos o más, hoy sólo estábamos tres, el bytes se fue echando hostias. Dos de ellos de la élite de la construcción, no, no eran gruistas...siempre estoy rodeada de ellos.
Me he reído bastante a lo largo del día.
He discutido con una compañera que no entiende que cuando suenan dos teléfonos a la vez, te tienes que decidir por uno.
Un compañero que tiene un sentido del humor oscuro que no negro, se entretiene mandando emails a modo de chat sobre un tema laboral que a mí no me hace ni puta gracia, a pesar de venir con su peculiar sonrisa a decirme que es una broma.
No me quedó más remedio que avisarle: Bien, pues ten cuidado no vaya a ser que a partir de ahora nos dé a todos por gastar bromitas.
(Qué de lo escrito siempre hay constancia, necio) que pienso y no digo.
Avanzo vertiginosamente por la tarde casi poniendo al día, el trabajo y con las neuronas ¡Cómo antaño! A toda pastilla, tanto es así, que estoy deseando llegar al cercanías para poder leer a Saramago y quitarme los zapatos con inigualable estilo porque las rozaduras empiezan a ser heridas.

Lectura máxima en el tren, una conversación de móvil en exceso alta, cada vez más alta y no tiene fin y cada vez más alta, le taladro con la mirada, no se percata, no acaba nunca.
Me agarro fuertemente para no levantarme y decirle: La megafonía es molesta pero necesaria, pero tu conversación sobre tus viajes nos la trae al pairo a todo el vagón.
Silencio. Miro. Ha colgado. Menos mal porque mis nudillos eran ya blancos.
Suena un teléfono de nuevo y ante mi sorpresa de que es el mismo, no puedo por menos de expresarme en alto, cómo él. ¡Acabáramos!
Genial, ya no habla para todo el vagón sino más bien todo lo contrario y yo puedo seguir leyendo.
Me quedó la duda de si escuchó mi brote de expresividad o es que tal vez era su
médico para certificarle su impotencia.

Lo mejor de todo el día. La conversación con Lb y mi sensación de sentirme mejor que en mucho, mucho tiempo, porque el estres meditado, esperado y justificado es una minucia comparado con aquella sensación de llegar a casa y sentirme extremadamente sóla y lo que es peor, una completa extraña.

1 comentario:

  1. hay días que te salen cosas como estas... y yo me digo: "menos mal que me da por leer a esta mujer"
    Confirmado: son estas las entradas que más me gustan, en las que creo que te luces sin darte cuenta... o tal vez te das...
    Besos ;)

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Ying Yang
UFS: Unión de Folladores Salvajes.
Ufs: Unilateral fusión de sensaciones.

Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

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