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Ying Yang


Las máquinas no piensan,

no sienten,
pero existen.

La insensata letanía de ser,  inflama unas meninges y procesa agudos atemperados en graves.
Ni un sólo celaje en todo lo que da de si, perspectiva.

Ni dudas ni posibilidad de que las haya.
Lenguaje sin ortografía ni interpretación, código máquina a chorros que se reflejan en cristales carentes de agua. 
Los tan amados números unos y los odiados ceros. Programación sin conciencia, sólo un proceso inanimado.


Su piel es de color tornasol y su locura finita. Las lágrimas de una condena impregnan sus ojos de un delirio aparente. 
Se ciñe a mi cintura y yo sujeto su rostro para besarle y su cabeza para que no la cercene nadie.
Eso siempre ocurre antes o después de que los ritmos cardíacos se nos reconcentren  en el eterno recorrido de buscarnos el placer. En los fragmentos rotos de la piel nos rozamos las cicatrices y nos suspiramos el dolor. 


Esclavos de nuestra añorada inmortalidad y nuestro delirios de grandeza, nos amamos mucho más de lo razonable, mucho más que cualquier principio básico recomendable. 


Nos creemos los dioses de nuestro amor y el discurso de nuestros fluidos. Nos bebemos la existencia queriendo nacer de lo que está muerto porque vivimos  sabiendo qué más allá de nosotros no hay nada.




A New York porque siempre he querido visitarla. 
A Blade Runner porque es una de mis películas. 
y
A "...delirio de mi locura...", porque me da la gana.

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UFS: Unión de Folladores Salvajes.
Ufs: Unilateral fusión de sensaciones.

Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse.
En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti

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